21 Rutas para la vida – Elsa Punset

En esta ocasión os invito a seguir la lectura de las 21 rutas para la vida.  Una lectura que consiste en 21 publicaciones que rescaté  de la  fanpage de Elsa Punset.  Sabía que era cuestión de días que todo ese contenido se perdería en las profundidades de facebook. Con tiempo lo rescaté y ahora lo comparto libremente para todxs vosotrxs. Espero os sea de ayuda :)

Este contenido proviene de unos resúmenes capitulo por capitulo del libro “Una mochila para el universo” de Elsa Punset, hija del reconocido Eduardo Punset, promotor y presentador de la magnífica serie de documentales REDES.

Estos resumenes los encontre en Facebook, en concreto en la fanpage de Elsa Punset.

Elsa Punset comenta  que la idea es viajar con la mochila más ligera posible en la vida, y así moverte con más libertad. Algo que comparto 100%, desprendiéndote de muchas cosas.

Estas rutas son un camino por las emociones del ser humano. Cuando descubrí el material que publicaba Elsa, pensé que ese material era demasiado valioso como para perderse en las profundidades de Facebook, un lugar donde la información se difunde rápido pero también donde mucha información valiosa termina por perderse… tome la decisión de almacenar la información esperando que en algún momento oportuno volviera a ser libre para siempre de facebook  :)

A continuación  comparto un video donde  Elsa Punset comenta sobre su libro “Una mochila para el universo, 21 rutas para vivir con nuestras emociones”.  Del cual extraigo algunas reflexiones y claves:

  • Una clasificación alternativa con respecto a las emociones negativas o positivas, como es emociones útiles o perjudiciales.
  • Todxs venimos a la tierra con una misma mochila de emociones universales. Estas emociones están mezcladas y muchas son incoherentes entre si.
  • El viejo pensamiento era controlar y reprimir las emociones. Pero en la actualidad descubrimos que tenemos un cerebro capaz de gestionar las emociones. Es decir cambiar o transformar las emociones conscientemente, en vez de reprimir.
  • El miedo y el amor son las grandes emociones del ser humano.
  • El miedo nos acompaña a lo largo de nuestra evolución como un sentido de supervivencia. Este miedo nos hace amplificar lo malo que nos puede suceder y entonces el miedo nos paraliza, pero la mayoría de las veces esos miedo solo están en nuestra mente y no fuera.
  • Un pensamiento o una emoción es todo lo que necesitamos para hacer un gran cambio en nuestro cerebro. Tenemos que  aplicar las emociones positivas para desarrollarnos como personas más creativas, despiertas y vivas.
  • La ciencia ha demostrado la plasticidad del cerebro, por lo que se han roto las viejas reglas estáticas que decían que tu cerebro hasta cierta edad no puede evolucionar. La realidad es que el cerebro se transforma cambiando nuestros pensamientos y emociones. Estamos programados para cambiar, para fluir.
  • Tener buena o mala suerte es cuestión de estar más o menos abierto a la vida y de buscar nuevos caminos, oportunidades. Si no hay suficientes oportunidades, generalas.
  • La mente inconsciente piensa mucho antes que la mente consciente. El  inconsciente habla a través del lenguaje no verbal.
  • Tienes que comprender para transformar y cambiar.
  • Tenemos que superar el modo “supervivencia” para  pasar al modo de “atención”. En las sociedades desarrolladas, no ayudamos a la gente porque alimentamos el modo de “supervivencia” cuando en realidad es cuestión de entender que podemos vivir con menos, y esto es liberador, pues dejamos de pensar en que los problemas se  delegan a otros para que los resuelvan. Desde ese momento de liberación  tu actitud cambia hacia el modo de “atención” entonces nos paramos para resolver y ayudar a los demás para cambiar las cosas. Por eso se explica que mucha  gente que no tiene apenas nada es la que muchas veces más ayuda y comparte. Son más libres aunque la sociedad les ponga la etiqueta de la pobreza. Humildad y libertad van de la mano.
  • Las personas no necesitan que les digan lo que tienen que hacer, solo necesitan herramientas para hacer lo que tienen que hacer. Empoderar a las personas.
  • No eres indispensable pero si muy importante porque abres puertas para que otros puedan seguir avanzando y a la vez dejando herramientas para que otros las usen y las mejoren.
  • La verdad veo una cierta identificación con Elsa, en el sentido de ser una persona impulsora que inicia algo y luego lo da para que otros sigan desarrollándolo. Y así seguir avanzando de un lado a otro.

Por Elsa Punset.

Ruta 1 ¿Cuánto amor necesitamos?

Ninguna vida se conforma sin una referencia constante al amor. Ningún sentimiento es más determinante en nuestras vidas, ningún otro justifica las inmensas redes sociales en las que vivimos, las responsabilidades, los anhelos y los deseos que pesan sobre las personas a lo largo de toda la vida.
Las personas no estamos solas en esta necesidad de amor. Ya en los años 60, los experimentos siniestros del doctor Harlow sugerían que muchas especies necesitamos sentirnos seguros y amparados, es decir conectados con los demás, por encima de todo. En este experimento verás cómo unos monitos se crían con madres de alambre y de trapo. Aquellos obligados a crecer solo con la madre de alambre tenían sistemas inmunológicos más débiles.

Uno de los cimientos del amor es la empatía, es decir, la capacidad con la que nacemos de ponernos en la piel de los demás.

“Todos sentimos empatía, excepto los psicópatas (afortunadamente, hay muy pocos, por eso podemos vivir en sociedad, porque sentimos por los demás y no queremos dañarnos).

La historia muestra que cada día los humanos son más empáticos: estamos ampliando nuestros “círculos de empatía”, es decir, logramos ponernos en la piel de personas y especies cada vez más diferentes a nosotros.

¿Qué puedo hacer para potenciar mi capacidad de empatía, de sentir por los demás?

Para sentir empatía, tienes que darte tiempo a conectar con los demás. Por eso, te recomiendo hoy que pruebes en esta ruta estas dos sugerencias:

1. Regala hoy un abrazo de 6”: todos necesitamos sentir y mostrar afecto con todos nuestros sentidos. Un buen abrazo de al menos 6” te ayuda a generar la química del bienestar (poner video del hormiguero sobre el abrazo).

2. ¡Siéntete! Cuarenta millones de años de evolución aseguran que necesitamos tocarnos los unos a los otros. Tenemos la necesidad, nunca lo bastante reconocida y atendida, de sentirnos físicamente. Recuerdo como un momento que me enterneció y entristeció a una abuela centenaria que me dijo: “Elsa, envejecer es muy triste porque ya nadie quiere tocarte.”Muchos de nosotros no solemos tocar a los demás y muchas veces ni los otros nos tocan como necesitamos, sintiendo física y emocionalmente a las personas que queremos. Podemos recordar lo bien que sienta tocarse con un sencillo ejercicio: durante veinte segundos, con los ojos cerrados y como si fuésemos primates, palpemos nuestras caras y manos. Este ejercicio puede hacerse solo o en compañía de otras personas. ¡Adelante! ¡Diviértete y recuerda lo bien que sienta el contacto físico!

Ruta 2 ¿Cómo podemos relacionarnos con los demás? ¿Cómo podemos evitar el aburrimiento en la pareja?

Aprendemos a amar de forma automática, observando a los adultos que nos rodean, registrando sus palabras y sus experiencias acerca del amor. Como nos amaron de pequeños, aprendemos a amar a los demás. ¿Qué te dijeron a ti en tu casa acerca del amor?
A lo largo de nuestras vidas, a la mayoría no nos han ayudado a comprender cómo y por qué nos enamoramos, ni qué podemos hacer para mejorar nuestras posibilidades de que una relación funcione. ¡Vamos a ciegas, y luego decimos que el amor es ciego!
¿Conoces, por ejemplo, tu estilo amoroso? En nuestras relaciones románticas, tendemos a querer a los demás, y a esperar que nos quieran, de una determinada manera. Repetimos esta forma de querer aunque tengamos muchas parejas. Es nuestra forma de expresar y recibir amor. Es lo que se llama los estilos amorosos.
Nuestro estilo amoroso depende de lo que aprendimos de pequeños y de nuestra personalidad. Que seamos variados en la forma de amar y de ser amados probablemente ayuda a nuestra supervivencia como especie.

La teoría original de los estilos amorosos la desarrolló hace más de 30 años John Lee. Hoy nos vamos a centrar en tres estilos amorosos: erótico, cariñosos y juguetón (por cierto, se ha visto que las relaciones de pareja basadas sobre estilos amorosos similares tienden a durar más.)

Vamos a hacer 3 preguntas para cada estilo. Suma un punto por cada respuesta. Cuantos más puntos consigues en un estilo, más cerca estás de ese estilo.

Los Eróticos: palabras claves: BELLEZA Y PASIÓN.
Me sentí atraído por mi pareja minutos después de conocerla.
En lo que respecta a las relaciones, encuentro atractivas a cierto tipo de personas y mi pareja responde a este ideal.
Mi pareja y yo sentimos que hemos nacido el uno para el otro.

Los Eróticos tienen ideas firmes sobre el tipo de características físicas y psicológicas que desean en una pareja. Suelen experimentar amor a primera vista. Ventaja: que durante un tiempo, las emociones son intensas y se sienten muy vivos. Problema: los eróticos mantienen relaciones emocionales intensas y románticas pero es difícil que dure la relación, porque no aceptan los cambios ni la pérdida de intensidad. Idealizan al otro, y cuando ven sus defectos, les cuesta aceptarlos.

Los Cariñosos: palabras clave: PAZ Y LEALTAD.
Valoro las relaciones amorosas que empiezan siendo relaciones de gran amistad.
No sé exactamente cómo me enamoré; sucedió a lo largo de un periodo considerable.
El amor no es misterioso, es una forma extrema de cariño y de amistad.

Estos amantes valoran más la confianza que el deseo. No buscan tanto la pasión y el sexo como al compañero compatible, con el que puedan compartir sus intereses y sus aficiones. Se van involucrando poco a poco en la relación, y los sentimientos crecen a lo largo del tiempo. A veces el Cariñoso va tan lento, que es difícil saber qué tipo de relación mantiene. Esperan que el cariño se transforme poco a poco en compromiso y amor. Suelen tener pocas relaciones románticas a lo largo de su vida. Suelen ser altruistas y confiados, y provenir de familias numerosas, y se sienten cómodos con la idea de depender de los demás. Ventaja: cuando quieren, muestran una gran fidelidad y estabilidad. Son compañeros de fiar. Problema: pueden caer en la rutina y dar una importancia muy grande a la fidelidad (que no es necesariamente sinónima de lealtad).

Los Juguetones: Palabras clave: DIVERSIÓN Y EMOCIÓN.
A mi pareja no le gustaría saber algunas de las cosas que hago.
Me gusta la idea de probar a salir con muchas parejas distintas.
En general me recupero bastante fácilmente de los fracasos amorosos.

Para estos amantes, el amor es un juego. No tienen ningún ideal en mente, sino que les gusta la variedad. Buscan variedad y emoción, se sienten incómodos con el compromiso, pasan rápidamente de una relación corta a otra. Les gusta la emoción de la caza. Ventaja: son divertidos, es difícil aburrirse con los Juguetones, les gusta el riesgo, y se recuperan fácilmente de las rupturas. Problema: Si están en pareja, tienden más fácilmente a ser infieles. A veces este estilo amoroso viene del miedo a que les abandonen (por eso evitan evitan intimar con los demás)… o tienen dificultad para percibir los sentimientos de los demás pueden herir a los demás.

Sea cual sea tu estilo amoroso, hay gestos sencillos que son importantes para expresar y consolidar tu relación de pareja. Aquí os dejo un pequeño truco: las mujeres tienden a valorar más que los hombres los gestos románticos. Los gestos románticos más populares son, por encima del regalo material, aquellos que tienen que ver con la diversión y el sentimiento. ¡Llévale el desayuno a la cama, préstale tu abrigo, haz con unas velas y un plato sencillo una cena sorpresa!

Ruta 3  ¿Cómo vencemos al desamor?

El desamor es una experiencia universal. En un estudio se calculó que el 99 por ciento de las personas pasan por ella al menos una vez a lo largo de sus vidas.

Cuando pierdes a la persona que de la que estás enamorado, surgen efectos secundarios que te pueden causar mucho estrés emocional y depresión, e incluso, dolor físico.

¿Es mejor no enamorarse?
¡No! El enamoramiento es un proceso intenso, pero muy útil de cara a la transformación y al aprendizaje personal. Es el momento, tal vez uno de los pocos que tendrás a lo largo de tu vida, en el que logras hacerte vulnerable y por tanto abierto al cambio. ¿Cómo te vas a perder esta oportunidad? Es mejor aprender a gestionar el desamor…

Recuerda que tras la pérdida de una relación amorosa, tendemos a obsesionarnos por el otro. Por ello, tendrás que ir entrenándote para recuperar tu equilibrio como si estuvieses haciendo gimnasia emocional. ¿Una regla de oro para contrarrestar esas emociones negativas intensas y dolorosas? Dice uno de los padres de la neurociencia, Antonio Damasio, que una emoción negativa se supera con otra emoción igual de intensa y de signo contrario. ¡Busca pues activamente estas emociones positivas! Apúntate a algo que siempre quisiste hacer, como clases de cocina japonesa, de salsa, un club de senderismo…El desamor, si se supera con tesón y con inteligencia, hará de ti una persona más fuerte y más sabia, capaz de superar obstáculos y gestionar sus emociones

Ruta 4  ¿Cómo entrenamos el cerebro a ser más curioso y positivo?

Nuestro cerebro cambia al ritmo de nuestros pensamientos y emociones, tendemos a repetir siempre las mismas rutinas y eso implica que utilizamos siempre los mismos caminos neuronales en el cerebro. ¿Quieres cambiar alguna cosa en tu vida? ¡Pues cambia tú mismo esos pensamientos y esas emociones atascadas! Para crear nuevos caminos, os propongo estas ideas sencillas y muy eficaces:

1. Haz gimnasia con tus neuronas: para sacarlas de su rutina y presentarles novedades divertidas, haz las cosas de cada día pero con todos tus sentidos: me visto con los ojos cerrados, leo en voz alta, cambio mi ruta para ir al trabajo, me lavo los dientes la mano que no suelo utilizar, me cambio de lado para dormir, me siento en una silla distinta a la hora de cenar…

2. Entrena tu cerebro en positivo: recuerda que tu cerebro programado para sobrevivir agranda los peligros, las amenazas y las decepciones. Al final, a menudo olvidas ver lo bueno que te rodea. Por ello, entrénate en positivo: al empezar o terminar el día, y durante dos semanas, piensa en diez cosas buenas que te han ocurrido pero que te hayan pasado desapercibidas ( Hazlo varios días seguidos y prepárate para sorprenderte, porque cada día te resultará menos difícil completar tu lista de diez cosas buenas).

Ruta 5  ¿Por qué se contagian las emociones?

Las emociones son el resultado de cómo experimentamos, física y mentalmente, la interacción entre nuestro mundo interno y el mundo externo. Son fundamentales porque modulan cada uno de nuestros gestos, anhelos, deseos y motivaciones y nos empujan a recorrer el mundo, a resolver problemas, a intercambiar con los demás, a crear, descubrir, odiar o destruir.

Estamos programados para contagiarnos emociones por dos razones básicas: para aprender rápidamente los unos de los otros, y para ayudarnos a sobrevivir. ¡Las emociones de los demás pueden salvarnos la vida! Piensa en cómo funciona una bandada de pájaros: en cuanto uno alza el vuelo por un ruido sospechoso, los demás también salen huyendo. Eso podría salvarles del gato, del niño con tirachinas, de un coche inesperado… Las emociones negativas, como la ira, la tristeza, el desprecio o el miedo, se contagian como un virus porque el cerebro cree que nos pueden ayudar a sobrevivir. Hoy en día, la globalización y nuestro mundo hiper-conectado contagia con suma facilidad emociones negativas (y también, afortunadamente, ideas y emociones creativas y positivas).

¿Cómo puedo protegerme de las emociones negativas?

Puedes filtrar el contagio emocional de forma consciente y deliberada: para desactivar los miedos y el pesimismo exagerado, en “Una Mochila para el Universo” te recomiendo:

1. Pon un foco de luz sobre programación automática que te empuja hacia la negatividad, como si abrieses el capó del coche para arreglar algo. Limita cuanta negatividad estás dispuesto a aceptar y piensa de qué te sirve. Recuperarás libertad para poder pensar y sentir de forma más constructiva.

2. Exagera deliberadamente los “activadores” de emociones positivas y elimina o limita aquello que te desgasta, como la crítica interna, las limitaciones auto-impuestas, las personas pesimistas que te rodean. ¡Haz una lista si eso te ayuda a detectar las fuentes de emociones negativas en tu vida! Plantéate no contaminar a los demás con emociones negativas cuando éstas no forman parte natural de nuestra capacidad de sentir por los demás, sino que añaden sufrimiento al dolor colectivo…

¡El optimismo es contagioso!

Ruta 6 ¿Quieres cambiar de rumbo?

El cerebro tiene más plasticidad de la que pensamos. No debemos dejarnos llevar por la idea: “Soy como soy y cambiar es muy difícil”. ¡Tu cerebro está programado para cambiar! Como os cuento en “Una mochila para el universo. 21 rutas para vivir con nuestras emociones”, si siempre piensas lo mismo y dices lo mismo, fomentas comportamientos rígidos y automáticos. Cuando no usas determinadas funciones cerebrales alternativas, éstas empiezan a degradarse. Es la paradoja de lo que llaman la 2plasticidad cerebral”, es decir, la capacidad de tu cerebro de cambiar al ritmo de tus pensamientos y emociones.

Os propongo un ejercicio divertido para ejercitar tu cerebro como un músculo: todos tendemos a adoptar determinados papeles en casa, en el trabajo, con nuestros padres y parejas… ¿Quieres intentar cambiar ese rol por unos momentos? Para ello, altera la rutina en casa. Puedes elegir alguna reunión familiar en la que vas a adoptar deliberadamente un papel distinto al que sueles hacer: por una vez, no seas el que “siempre pone la mesa y hace la cena”, el que “nunca se acuerda de felicitar un cumpleaños”, el que “nunca pondría los pies sobre el sofá”, o el que “nunca leería un libro inadecuado…” ¿Cuál es tu sanbenito? ¡Diviértete y rompe alguna limitación!

Escribe tu propio guión y reinvéntate.
¿Te has dado cuenta hoy de algo que se supone que siempre haces, o que nunca te atreverías a hacer? ¿Qué es?

Ruta 7 ¿Te han secuestrado tus emociones?

Contrariamente a lo que nos suelen enseñar, las emociones negativas —por ejemplo, la tristeza, el desprecio o la ira— no son buenas ni malas: son útiles o son perjudiciales. Pero cuando las emociones negativas nos arrastran y nos descontrolan, ocurre lo que Daniel Goleman llama el “secuestro emocional”. Os doy algunos trucos para no dejaros secuestrar por las emociones negativas, como por ejemplo…

1. Detecta las señales físicas del enfado antes del secuestro emocional: observa si te pones rígido, si tu respiración se acelera, si contraes las manos y te echas hacia adelante… en este caso, levántate y aléjate si puedes de lo que te está enfadando. Respira hondo, calma tu cuerpo y tu mente se calmará. ¡Piensa antes de enfadarte!

2. Identifica y pon nombre a tus emociones negativas: “me duele lo que me dijo hace unos días”… “me siento indignado por su desprecio”… poner nombre a un sentimiento reduce su intensidad y devuelve poder de decisión a la parte más racional de tu mente (es lo que los neurólogos llaman “calmar a la amígdala”, es decir, a la parte más emocional del cerebro.)

Comprender las emociones que nos habitan nos libera y nos permite transformar aquello que nos está dañando. ¡Manos a la obra!

La ira puede ser el germen de la justicia social. ¿Qué motivo de indignación te gustaría ser capaz de expresar de forma constructiva, es decir, de forma que resulte útil para mejorar tu vida y la de los demás? Entre todos, podemos cambiar el mundo a mejor.

Ruta 8 ¿Cómo superar el miedo al fracaso?

Hay una epidemia moderna que se llama el «miedo a la insignificancia», a no ser nada a los ojos de los demás. Sin embargo, arriesgarse implica la posibilidad de fracasar. Si tienes mucho miedo a fracasar, tal vez evites cualquier reto que no estés seguro de conseguir. ¿Te pasa eso a ti? ¿Te estás limitando por miedo a fracasar?

Os acompaño en el tramo de la ruta que atravesamos cuando nos amenaza el miedo al fracaso. Aquí os dejo un par de preguntas para que podáis descubrir si escondéis miedo al fracaso, y como empezar a superarlo…

  1. Sé consciente de lo que te cuestan las oportunidades perdidas. A veces solo consideramos lo que podríamos perder, no lo que podríamos ganar… papel y boli en mano, revisa  qué metas quisieras alcanzar y por qué. Cierra los ojos y visualiza tu éxito. ¿Cómo te sientes? ¿Es eso realmente lo que quieres?
  2. en un plan alternativo. Si fracasas con tu primera opción, asegúrate una salida que te permita gestionar el fracaso con inteligencia. Ten una red de seguridad.

Recuerda que los estudios nos indican que se sienten más satisfechas y realizadas las personas que se han arriesgado a hacer algo que les importa, aunque hayan fracasado, que las que nunca se atrevieron. Cuando estás centrado en tu propia búsqueda, sin ceder a las comparaciones debilitantes y al miedo al fracaso o al rechazo de los demás, ganas tiempo y fuerza para poner al servicio de lo que de verdad te importa. Manos a la obra, ¡no dejes de soñar!

Ruta 9  ¡Sonríe aunque no tengas ganas!

Hoy os quería hablar de la importancia de la sonrisa, un gesto que muestra literalmente nuestra apertura a los demás (fijaos que cuando estamos enfadados, hacemos lo contrario a sonreír, es decir, nos “encerramos” apretando puños y cerrando la boca).

A veces, a lo largo del día, olvidamos que sonreír puede hacernos sentir mejor. ¿Y por qué habría de sonreír sin ganas?- me preguntaréis (con mucha razón). Pues porque estudios clásicos como los de Paul Ekman nos dicen que así como sonreímos automáticamente cuando nos sentimos felices, sonreír mecánicamente también tiene un impacto en nuestro bienestar emocional. Cuando sonríes, aunque sea sin ganas, el cuerpo y la mente tienden a generar química del bienestar. Es decir, que va a ser verdad eso de que ponerle buena cara al mal tiempo sirve de algo.

Este gesto es uno de los pequeños refugios para retomar fuerzas que podéis poner a prueba hoy. Y es que cuanto más desafiamos nuestra tendencia a la negatividad, generando por ejemplo una sonrisa, aunque sea sin ganas, mejor nos sentimos (y hacemos sentir a los demás.)

Ruta 10 Pistas para pillar a un mentiroso

Para pillar a un mentiroso, podemos utilizar un aparato que se llama “polígrafo”, que hace algo tan sencillo como detectar las alteraciones físicas que se dan cuando mentimos. Y es que mentir requiere un esfuerzo que deja huellas físicas y verbales fácilmente detectables: se altera la respiración, el sudor, el rubor… desviamos la mirada, apretamos los labios (nos estamos “callando” algo)… Atentos por ejemplo a los pies de quien te está mintiendo, porque cuanto más lejos está una parte del cuerpo del cerebro, más difícil resulta controlarla.

Y otro indicio que resulta curioso: cuando mentimos, se liberan sustancias químicas que inflaman el tejido interno de la nariz (lo llaman el efecto Pinocho) y nos entran ganas de rascarla…

Afortunadamente, ¡hay que esforzarse mucho para mentir bien! A los humanos se nos da mal mentir porque nos da mala conciencia. Hay dos excepciones: los “buenos” mentirosos suelen tener pocos escrúpulos morales (un caso extremo es el de los psicópatas), o bien se creen sus propias mentiras (fíjate cómo es relativamente sencillo justificar nuestras propias mentiras hasta que nos las llegamos a creer).

Ruta 11 ¿Por qué me da miedo hablar en público?

Si te da miedo hablar en público, tranquilo, ¡eres normal! Cuando estás rodeado de gente, te parece que un foco de luz brillante está puesto en ti y en esos momentos tu cerebro hace lo que se le da mejor: ¡intentar sobrevivir a un posible peligro!… En esos momentos de tensión, el cerebro se vuelve muy rápido reconociendo en la audiencia las caras menos amables, porque son las que podrían suponer mayor peligro. Da igual que alguien esté serio por algo que no tiene nada que ver contigo… tu cerebro lo interpreta como una amenaza y lo exagera.

Tal vez por ello, desde empecé a hablar en público de forma habitual, desarrollé un “truco” que quería compartir con vosotros hoy. Antes de empezar cualquier charla, busco algunas caras sonrientes y agradables en la audiencia, en las que pueda “anclar” mi atención durante la charla. Miro a esas personas sobre todo si pierdo la concentración por alguna razón. Es una forma de entrenar mi cerebro en positivo porque así equilibro la tendencia innata a buscar las caras “peligrosas” y hago lo contrario, exagero lo positivo.

Otro truco sencillo para hablar mejor en público es éste: ensaya tu charla en tu cabeza, y luego delante de un espejo, hasta que te sientas tranquilo. Recuerda que transmitimos lo que somos desde dentro: si te pueden la inseguridad y la ansiedad, tu cara, mandíbula y expresiones serán rígidas. Sé lo más natural que puedes, para transmitir ligereza y comodidad. Piensa que las personas que te rodean desean pasar un rato agradable y se contagiarán de las emociones que tú les transmitas.

Ruta 12 Esas primeras impresiones…

Hoy vamos a hablar de dos elementos importantes a la hora de causar una buena impresión a los demás. ¿Qué elementos crees que son determinantes? La belleza física y la juventud resultan atractivas, ¡pero ojo!… no son determinantes a la hora de causar una buena primera impresión.

Curiosamente, tendemos a hacernos una primera impresión muy rápida de los demás. Este mecanismo es importante para el cerebro por motivos de seguridad, porque en grandes redes sociales donde te encuentras con todo tipo de desconocidos, ser capaz de decidir en pocos segundos quién es de fiar y quién no resulta muy importante… por ello, los dos elementos que más pesan en una primera impresión son inspirar confianza y mostrar interés por la otra persona. ¿Tú cómo lo haces?

Por cierto, a menudo sentimos algo cálido por los demás pero somos parcos expresando lo que sentimos. ¿Quieres alguna sugerencia para darle una bienvenida cálida al otro? Pues os voy a dar un truco que utilizan algunos políticos y estrellas del cine (o eso dicen)… Cuando veas a alguien a quién quieres dar una bienvenida calurosa, extiende tu mano, sonríe… como siempre… y ahora, ¡abre los ojos y levanta la cejas, como poniendo cara de sorpresa! Eso le transmite al otro la sensación de que su aparición es una sorpresa muy bienvenida. Inténtalo con un niño, o con alguien que ya conoces y fíjate en cómo tu saludo le hace sentir bien.

A veces, con un pequeño esfuerzo por transmitir calidez, logramos que las personas que se cruzan en nuestro camino sigan el día reconfortadas y con más energía. Y es que no hay nada que dispara la capacidad de superar obstáculos de las personas como el afecto de los demás.

Ruta 13 ¿Qué te hace feliz?

Hablamos de felicidad pero, ¿sabemos realmente a qué nos referimos con esa palabra? Pues felicidad significa cómo evaluamos, de forma subjetiva, nuestra propia sensación de bienestar. Es decir, que cada persona decide hasta qué punto se siente feliz.

La mayoría de personas se describen entre poco y bastante felices, lo que implica que la mayoría podríamos incrementar nuestros niveles de bienestar con el esfuerzo adecuado. Aunque la felicidad de cada persona es subjetiva, sabemos que algunos elementos pesan mucho o poco en la balanza de la felicidad. Por ejemplo, sabemos que el trabajo, u ocuparse de los demás, pesan mucho en la balanza de la felicidad. ¿Conoces los elementos que influyen en tu felicidad? ¿Los fomentas en tu vida de forma deliberada?

Hay un rasgo que influye mucho en la felicidad de todos: las personas que tienden a sentirse culpables, a estar enfadados y ansiosos, a dejar que las dominen las emociones negativas- miedo, tristeza, ira…- tienen menos facilidad para relacionarse con los demás y suelen ser menos felices. Las personas extrovertidas tienden a ser más optimistas y alegres. Tejer vínculos, disfrutar de los amigos y agrandar el círculo de amistades y de intereses o aficiones mejora considerablemente nuestro disfrute de la vida. ¡No te enganches a una solo fuente de afectos! Amplía tus intereses y diversifica tus relaciones.

¿Cómo conseguirlo? Ahí van algunas sugerencias:

– Acude a las reuniones de antiguos alumnos.
– Acude a conferencias y charlas.
– Apúntate a grupos con los que compartas aficiones.
– Haz voluntariado. Hay cientos de oportunidades que encontrarás en la red.

No dejes que la timidez o el “ya lo haré más adelante” te aíslen del resto del mundo. ¿Qué actividad se te ocurre que podría ampliar tus intereses y hacerte disfrutar más de la vida en general? Ponlo en práctica, porque ninguna buena idea lo es de verdad hasta que la hacemos realidad.

Ruta 14 Vivir el presente

Muchos estudios indican que somos más felices cuando nos centramos en vivir el presente. ¡Pero nos cuesta mucho! Lo que un niño hace de manera natural —disfrutar del momento—el cerebro de un adulto lo tiene más difícil, porque está programado para vivir pendiente del futuro o del pasado. Lo han estudiado también dos psicólogos de la universidad de Harvard, Killingsworth y Gilbert. ¡Afirman que casi la mitad de nuestros pensamientos no tienen nada que ver con lo que estamos haciendo! Incluso cuando hacemos algo supuestamente divertido, como mirar la tele o charlar con un amigo, la mente tiene la tentación de escapar… ¿Te pasa a ti?

Os sugiero pautas para vivir el presente. Sabemos que las experiencias más placenteras son las que nos absorben en cuerpo y mente, como tocar un instrumento, conducir relajadamente, plantar flores… lo que no sabíamos es que también las rutinas diarias, como fregar los platos, lavarse los dientes o pelar una manzana, pueden resultar agradables si nos centramos en ellas… ¿Quieres intentarlo? Puedes entrenarte con una sugerencia sencilla: camina cada día diez pasos descalzo y a conciencia. Siente la temperatura del suelo en los pies, céntrate en sentir esos pasos con todos tus sentidos… Esa es la sensación que necesitas recuperar cuando hagas algo sencillo, como comer una fruta, con atención plena.

Ruta 15 ¿Qué lugar de la familia ocupas?

Nos convertimos en lo que somos en función de la genética y del entorno en el que crecemos y de la genética. Y en este entorno hay factores que, por azarosos que parezcan, también pueden influir en nuestra forma de ser. Por ejemplo, el orden de nacimiento. ¿Sabéis que los primogénitos tienden a alcanzar sus metas con más frecuencia que los demás hermanos? Un dato curioso para ilustrarlo: de los primeros 23 astronautas que fueron al especio, 21 eran primogénitos y dos eran hijos únicos, que son como súper-primogénitos. Ellos tienen más probabilidades de querer asumir el mando y por ello suelen elegir profesiones donde pueden destacar. ¿Por qué? Pues porque los padres suelen tener grandes expectativas con el primer hijo y le dedican más tiempo, al menos hasta que llega el segundo. Los primogénitos suelen sentirse responsables de sus hermanos y de no defraudar las expectativas de sus padres, por ello tienden a ser responsables y maduros para su edad.

Cuando llega el segundo hijo, éste tiende a adoptar el papel opuesto al de su hermano mayor. Así que piensa en tu hermano mayor, sobre todo si sois del mismo sexo, y toma nota. ¿Cuánto de lo que haces es sólo por ser diferente a él? Los segundos tienden a recibir menos atenciones y admiración que el primogénito y por ello aprenden a valerse más por sí mismos. Los hermanos pequeños, en cambio, cargan con menos expectativas, por ello suelen tomar más riesgos y asumir un papel más divertido en las familias, y es corriente que elijan profesiones más artísticas o de cara al público. Son solo tendencias, pero merece la pena conocerlas para no dejarse atrapar por roles que a veces nos limitan o encierran en un papel algo rígido.

Ruta 16 ¿Por qué me gustan las cosas dulces y grasientas?

¿Te has planteado alguna vez por qué tienes a veces ganas de comer cosas que no son saludables, aunque sepas que te sientan mal? El neurólogo David Linden explica que cuando hablamos de grasas, azúcares y comidas caloríficas necesitamos comprender que la evolución del cerebro es lenta y que en cambio, los cambios sociales y culturales son muy rápidos.

Y es que venimos, evolutivamente, de tribus de cazadores y recolectores donde a menudo había que soportar hambrunas intermitentes. En esta situación, lo que tu cerebro tiene programado es que conviene aprovechar cualquier bocado, y mejor aún si tienen muchas calorías, porque eso podría salvarte más adelante. Eso crea desajustes muy llamativos en nuestra forma de comer: este instinto no nos ayuda en las grandes ciudades, ni de cara a las grandes corporaciones que sacan provecho de nuestra debilidad innata por la comida calorífica, heredada de nuestras preferencias de las eras del paleolítico y neolítico.

¡Piénsalo antes de comer en exceso determinados alimentos!

Ruta 17 ¿Y si?…”

Hasta hace relativamente poco, la creatividad parecía equivalente a tener poderes “superiores” (la palabra inspiración significa “las musas te han soplado encima”). En esta última década se está investigando mucho acerca de la imaginación y la creatividad, y de qué podemos hacer para facilitar nuestras capacidades creativas en cualquier campo, y aplicado a cualquier entorno. Una de las muchas conclusiones a las que se está llegando es que los “expertos” no son siempre los mejores creativos en sus campos. Parece ser que los “outsiders”, es decir, las personas que actúan o intervienen en un sector o especialidad que no es el suyo propio, pero si relacionado o cercano, pueden llegar a ser muy eficaces para solventar problemas difíciles.

Y es que a veces, nos atascamos en formas poco creativas de vivir porque repetimos siempre lo mismo, de la misma manera. ¿Qué elementos pueden fomentar tu creatividad?

Hoy os quiero contar la técnica del “Imagina si…”. Para aplicarla a tu vida, pregúntate: “¿Y si hubiese ido al espacio, redecorase mi salón, fuese una sirena?”… Cierra los ojos e imagina un paisaje. Descríbelo en detalle: urbano, rural… ¿Quién lo habita, qué hacen, cómo huele? Ahora haz lo mismo con un personaje. ¿Qué cara tiene, cómo se mueve, qué dice, tiene acento, está flaco, musculoso, voz aguda o grave?

Ruta 18 ¿Crees en la buena suerte?

¿Crees en la buena y la mala suerte? Claro que nos ocurren cosas que no controlamos directamente, algunas maravillosas y otras terribles. Algunos las achacan al azar y otros a un destino misterioso, inescrutable. Pero en general, en la vida diaria, las personas suelen considerarse personas con tendencia a la buena o la mala suerte. ¿En qué “bando” crees tú que te sitúas?

La buena noticia es que tanto si crees que sueles tener buena o mala suerte, puedes mejorarla. El psicólogo británico Richard Wiseman estudió a “suertudos” y malhadados durante diez años y llegó a conclusiones que podemos aplicar a nuestra vida diaria. Recordad por ejemplo que la gente que dice que tiene mala suerte en las pequeñas cosas diarias está más tensa y ansiosa que la suertuda. Y es que la ansiedad nos impide abrirnos al mundo, fijarnos en lo inesperado, y cuanto más te empeñas en encontrar algo concreto, menos percibes lo que te rodea porque tu cerebro se centra sólo en lo que buscas. Así pierdes oportunidades. Te pasa cuando vas a una fiesta empeñado en encontrar a la pareja perfecta: probablemente no la encuentres, pero es que además no intentarás siquiera hacer amigos.

Intenta hacer lo que Wiseman llama “sistematizar” tu suerte: uno de los grandes principios de la buena suerte es reconocer las oportunidades para hacer cosas nuevas, o bien generarlas deliberadamente. Es lo que hacen las personas que tienden a tener buena suerte. Piénsalo: es muy fácil agotar las posibilidades en tu vida, porque tendemos a ver siempre a las mismas personas, a ir a los mismos sitios y a decir y pensar, más o menos, lo mismo. Pero si provocas situaciones distintas, se presentarán nuevas oportunidades. ¡Eso es suerte! ¡sistematiza tu suerte, provócala!

Ruta 19 ¿Por qué me estreso?

El estrés es la manera física y emocional con la que respondemos a las presiones positivas y negativas del día a día. Cuando nos estresamos ante un evento que reclama nuestra atención, generamos un química que nos da fuerzas y energías: piensa por ejemplo en algo tan sencillo como cruzar una calle, que requiere que puedas hacerlo con la debida atención si no quieres que te pille un coche. Por ello el estrés no tiene por qué ser negativo, sino que es una respuesta natural que sólo se torna maligna cuando nos sentimos impotentes y frágiles ante lo que nos ocurre.
¿Qué puede ayudarnos a gestionar el estrés? De entrada destruyamos un mito: no podemos librarnos del estrés maltratando cojines o chillando, el método tradicionalmente llamado de “catarsis”, porque aunque de entrada te puedas sentir mejor, a medio plazo estás consolidando los sentimientos negativos que te han estresado, con toda su carga química. Y es que las emociones negativas se retroalimentan a sí mismas química y emocionalmente.

Hoy quería comentaros una salida constructiva al estrés que resulta útil si la frustración que sientes no es demasiado grande. Se trata de reemplazar las emociones que te están estresando por otras del signo opuesto. Para ello, decide hacer algo que sea incompatible con estar enfadado o estresado, por ejemplo, ver una película cómica, jugar con un animal doméstico, hacer ejercicio, pasar la tarde con amigos o hacer un crucigrama difícil que absorba tu atención. Esto es muy eficaz porque hay emociones que son incompatibles, como la rabia y la alegría, de modo que si generas una, apartas la otra. Parece sencillo, pero a menudo cuando nos embargan las emociones negativas no nos paramos a pensar que podemos interrumpirlas con un cambio de sentimiento y de actitud.

Ruta 20  ¿Cómo eliges?

En Una Mochila para el Universo relato las investigaciones de un psicólogo muy interesante, Barry Schwartz. Sus teorías acerca de los maximizadores y

los optimizadores- según él, son las dos formas básicas en las que tomamos nuestras decisiones diarias, grandes y pequeñas- me han ayudado a reconsiderar la forma en la que me enfrento a mis decisiones diarias (en este caso, me confieso una maximizadora en vías de reconversión :-). Por eso quisiera apuntar alguna idea en este sentido en la mini-ruta de hoy, por si también os resulta útil.

Pensad en cómo era la vida hace pocas décadas: en general, las personas elegían menos cosas y se valoraba positivamente la estabilidad, el no cambiar los hábitos, las amistades, las ideas… Hoy en día se valora poder elegir constantemente, no solo en los supermercados y tiendas actuales, que están abarrotadas de ropa, tecnología, comida… sino que se considera normal cambiar de pareja o cambiar de trabajo. Hemos pasado de elegir muy poco a elegir todo el tiempo.

En principio esto no tiene por qué ser malo, pero ojo porque merece la pena tener en cuenta algo que llaman la “escalada de expectativas”: se ha comprobado que si hay mucho donde elegir, esperas más de esa elección y es más corriente sentirse defraudado. En cambio si las expectativas ante una elección son razonables, es probable que la vida real pueda incluso mejorarlas.

Y ahora, atentos para comprobar si tendéis a ser maximizadores u optimizadores, según la definición de Barry Schwartz. Cuando eliges, ¿te quedas con la sensación de que tal vez había una elección mejor? Los maximizadores tienden a emplear mucho tiempo y esfuerzo en sus elecciones, porque quieren “lo mejor”. Eso en algunos casos puede ser excelente, pero ojo, porque esa forma “maximizadora” de enfrentarte a las elecciones conlleva a menudo una frustración y una ansiedad innecesarias, porque la tentación es pensar que siempre hay algo mejor que no tienes: una pareja mejor, un trabajo mejor, un coche mejor, un vaquero mejor… y por ello, nunca terminas de sentir que perteneces, que las cosas que tienes son las que te van bien. Los optimizadores, en cambio, quieren algo lo “suficientemente bueno”, aunque una elección no sean necesariamente llamativa. Eligen “lo mejor” para ellos, en ese momento. Y una vez elegido, no lo comparan con todo lo demás.

Así que si no te sientes satisfecho a pesar de tus esfuerzos por elegir bien, recuerda que tal vez te ayude aplicar a tu vida un poco del espíritu práctico de los optimizadores :-)

¿Cómo eliges? ¿Tiendes a ser maximizador u optimizador?

Ruta 21  La “madre interior”: aprende a cuidarte

Para terminar nuestro recorrido por algunas de las rutas de Una Mochila para el Universo, he elegido una técnica de visualización (ojo, es un poco extensa…) que sirve para reflexionar y mejorar la capacidad que tenemos para cuidar de nosotros mismos. No está incluida en el libro, porque quería contribuir aquí con algo inédito para los que ya lo habéis leído :-)

Los adultos a menudo creemos que solo merecemos cuidados y ternura cuando somos niños, pero en realidad los necesitamos a lo largo de toda la vida. Muchos adultos andan perdidos porque no se sienten cuidados y tienen la sensación de que el mundo es un lugar áspero. Pero no tiene por qué ser así. La diferencia entre los cuidados que necesitamos cuando somos niños y cuando somos adultos es que un adulto es autónomo y por ello es responsable de cuidar de sí mismo, es decir, de proporcionarse lo que necesita. ¿Lo haces?

Cuando hablamos de hacer una visualización, estamos aprovechando que al cerebro no le importa demasiado que las cosas sean realidad y ficción. Os pondré un ejemplo: imaginad que le pegáis un bocado a un limón, redondo y jugoso. Vais a sentir como se contrae la boca y hay más saliva, como si estuvieseis comiendo el limón de verdad. Así funcionan las visualizaciones. En este caso, vamos a recuperar las sensaciones que sentíamos cuando éramos pequeños con la persona encargada de cuidarnos, de proporcionarnos un sentimiento de seguridad y de amor. Probablemente era nuestra madre o nuestro padre, o si ellos no estaban, un abuelo o un familiar cercano. Cómo nos cuidaron entonces probablemente dicte cómo cuidamos nosotros a los demás ahora, y sobre todo, cómo nos cuidamos a nosotros mismos.

¿Quieres descubrirlo? Pues primero, una pequeña reflexión acerca de tus padres verdaderos.
¿Qué valores y creencias te ha legado tu madre o padre? A menos que te des permiso consciente para actuar de otra manera, tu tendencia natural será convertirte en alguien parecido en la forma de cuidarte y de cuidar a los demás a tu propio padre o madre. ¿Por qué? De niños aprendemos inconscientemente, imitando a quienes nos rodean. Además, ser distinto o mejores que nuestros padres nos suele crear cierta sensación de culpabilidad porque sugiere una crítica, y por tanto deslealtad, al modelo que nos han legado.
¿Cómo puedo saber lo que he aprendido de mi padre y madre? Podemos hacer un listado doble de las cosas positivas y negativas que aprendimos de nuestra madre y de nuestro padre (lo positivo: los elementos que nos gustaría incorporar a nuestra vida diaria y legar a nuestros hijos, y lo negativo: las cosas que preferimos no perpetuar).
¿Y si mis padres no fueron perfectos? Tal vez tu madre o padre no fuesen personas que supiesen brindarte todo el apoyo que necesitabas. Pero cuando somos adultos, podemos aprender a buscar en nosotros mismos aquello que no tuvimos cuando éramos niños. ¿Cómo te cuidas a ti mismo? Es decir, ¿cómo es tu madre interior? (No te sorprendas si se parece a tu verdadera madre o padre…)

– ¿Te mima y te lo perdona todo, no te exige nada y siempre culpa a los demás de tus problemas? ¿Te cuida en lo físico pero te abandona en lo emocional? ¿Te cuida en lo emocional pero no te protege en lo físico?¿Te desprecia?¿Cuando la necesitas, te cuida para que retomes fuerzas antes de salir a enfrentarte al mundo? ¿Solo te valora si tienes éxito?

Si quieres cambiar o potenciar algunos aspectos de tu “madre” interior, vamos a utilizar esta técnica (recuerda que tu madre interior simboliza tu capacidad para cuidar generosamente de los demás y de ti mismo):

1. Encuentra un lugar donde no te distraigan. Relájate en una posición confortable. Céntrate en respirar despacio y desde el abdomen. Disfruta de la calma. Cuando sientas que estás receptivo, pasa al siguiente punto.
2. Imagina cómo te gustaría que fuese tu madre interior. Tal vez hubieses necesitado una figura protectora, o echas de menos alguien sereno que te haga sentir seguro. Tal vez te inclines por una figura capaz de compartir y celebrar tus alegrías, o alguien que simplemente siempre esté a tu lado y te quiera incondicionalmente. En cualquier caso, conecta con las cualidades que necesitas y deseas para tu propio bienestar e imagina a tu madre interior de forma clara y concreta.
3. Cuando sientas que has internalizado suficientemente a tu madre interior, que te sientes cálido y confortable con sus cualidades, abre los ojos poco a poco. Conecta con estas sensaciones de cuidado y amparo cada vez que las necesites.

Poco a poco, genera espacios y gestos en tu vida diaria que te permitan expresar estas cualidades. ¡Aprende a cuidarte! Hazlo por ti y por las personas que te rodean, ya que solo podremos cuidar a los demás en la medida en la que sabemos cuidar de nosotros mismos.

Cómo es tu “madre” interior? ¿Cómo te gustaría que fuera? ¿Os parece útil esta técnica? 

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